miércoles, 27 de mayo de 2009

2ª Parte del relato de Antonio M., de 3ºESO-A

Para todo aquel que no lo recuerde esta historia consistía en un tipo (que soy yo) que está intentando tomarse un vaso de leche, pero van surgiendo una serie de problemas. Casualidad, no, solo lo estoy intentando alargar lo máximo posible.

Mi experiencia con un vaso de leche, 2ºParte.

Después de todo esto estaba dispuesto a tomarme mi querido vaso de leche, que tomaba todas las mañanas, ya que me ayudaba con la digestión.
Y ahora todos diréis… Seguro que pasa algo, como siempre e impide que te tomes la leche, pues no, ya que la leche… a… pues si pasa. No queda leche.
Pero eso no llegaba a ser un problema, ya que recordaba perfectamente que en el trastero quedaba un pack de 4 que compré en el Carrefour el mes pasado, ya que estaba de ofertas si comprabas 3 pack.
Es más, puede que esté un poco confundido, ya que en Hellín no hay ningún Carrefour (de momento).
Me levanté con sumo cuidado, ya que sufría dolencias del porrazo de esta mañana, y me dirigía al trastero, que se encontraba al otro lado del patio, pero el diluvio era cada vez más fuerte, de modo que cogí mi paraguas preferido, el que no tenía agujeros.
Pero aún con el riesgo de coger un resfriado, ya que me calé entérico, llegue al trastero.
Abrí la puerta que siempre se atascaba al abrirla y cerrarla y hacía un chirrido muy extraño, y después de dejarme las uñas intentando abrir el plástico, por fin conseguí me querido litro y medio de leche de la marca (no me acuerdo, creo que era El pozo).
Llego a la cocina con los cristales de las gafas mojados por la lluvia y los pelos en forma de montaña rusa. Pero no estaba dispuesto a renunciar a mi sueño “No era una forma de hablar, ya que esa misma noche había soñado con un vaso de leche”.
Levanté el brazo para coger un vaso de cristal de tamaño mediano, lo coloqué cuidadosamente sobre la encimera para evitar un accidente tonto, agité, esta vez de una forma un poco más brusca el cartón de leche, la destapé, y me encontré con el abre fácil. Y eso de abre fácil no tiene nada, ya que no me quedó opción de abrirlo con un cuchillo de punta afilada.
En fin ya tenía preparado todo lo que necesitaba: la leche, la cuchara (que la he tenido que fregar porque no quedaban limpias), el Nesquik, que a mí me parece mucho mejor que el Cola Cao, pero no pienso entrar en esa discusión, aparte de que no sabría qué decir. Pero bueno, ¿y el azúcar? No… azúcar no.
¿Y cuidarse? Sí, cuidarse si (Espero que no me demanden los de Juver).
Lo que quiero decir es que no le echo azúcar a la leche, ya que me gusta cuidarme, por eso mojo las magdalenas.
¿Pero después, me hice la leche y me la tome? No, bueno si… bueno no, lo que quiero decir, es que no lo voy a resumir tanto. Habrá que esperar a la 3º y última parte para saber si me la tomo o no.
Vale que no sea muy emocionante, pero teniendo en cuenta de lo que trata la historia, es lo más emocionante que puede pasar, a no ser que me explote el vaso en el microondas. Mmm… me lo pensaré.

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